Gracias a Cris me he enterado de la iniciativa de La Aldea Irreductible para denunciar el recorte brutal de los presupuestos del Ministerio de Ciencia e Innovación (atención a la nota de la página 2, ahí está la clave para que se les llene la boca con el asombroso incremento presupuestario del 0,2% respecto de 2.009).
La Ciencia en España no necesita tijeras. Lo que necesita es compromiso a medio y largo plazo. No es de recibo que los planes nacionales de I+D+i se hagan como mucho de 4 años; curiosamente, lo que dura una legislatura. Y que se cambie su estructura legislatura tras legislatura, en lugar de buscar una estructura sólida que perdure, aunque sea a grandes rasgos (entiendo que a veces los cambios son necesarios, pero ¿por qué sólo tras el cambio de Gobierno?).
Uno de los grandes problemas que tiene este país es precisamente la casi total carencia de valor añadido de su industria, por decir algo; porque este país es más de servicios y ladrillo que de otra cosa. Por poner un ejemplo conocido por todos y que ahora está pagando con creces el precio de la indiferencia gubernamental por crear valor añadido: por allá por los felices años de Paquito, cuando la mano de obra española era barata a más no poder, la industria del automóvil vino atraída por esa bajada de costes. Y se creó todo un tejido industrial de empresas satélite: empresas que fabricaban volantes, embragues, empresas de chapa, etc. Y ninguna de ellas con valor añadido, porque un volante es un volante, lo fabriques aquí o en Pernambuco.
Ojo: no culpo a esos fabricantes en ese momento en particular de su vida. Si de algo íbamos sobrados los españoles en aquella época, según me cuentan mis mayores, era de hambre. Había que llevar pan a casa, y en ese momento lo suyo era hacer volantes, o puertas, o palancas de cambios, y dar de comer a la familia. En ese momento estuvo bien lo que se hizo.
A nadie se le ocurrió que la industria del automóvil, igual que había huido de sus anteriores ubicaciones para fabricar barato en España, podría hacer exactamente lo mismo cuando empezara a subir la mano de obra aquí con respecto a otros países, europeos o no. Bueno, en realidad sí hubo quien lo pensó, pero esas preclaras mentes que nos gobiernan pensaron que, con tanta industria satélite, imposible que se fueran.
Qué pasa, ¿que los volantes son tan difíciles de fabricar que sólo se pueden hacer en España, esta nuestra nación de grandes científicos destinados a la noble tarea de crear volantes de coche y camión? Precisamente cuando las cosas empiezan a ir bien, cuando ya no es tan crítico el asunto y ya sabes que vas a poder llegar a fin de mes y dar de comer a tus hijos, es cuando hay que empezar a plantearse el hacer algo diferente. Pero claro, cambiar la estructura completa de una empresa que, de momento, funciona, no es algo que anime a casi ningún empresario. Hace falta concienciar, mentalizar, y sobre todo, incentivar, aunque sea con préstamos en lugar de subvenciones (algún día me animaré y contaré por qué pienso que las subvenciones deberían limitarse muchísimo, y cambiar el modelo a préstamo o financiación). Aquí en España las iniciativas en I+D han sido más institucionales que reales. Se pasaron los felices años 80 y 90 creando organismo tras organismo, que hacía estudio tras estudio, pero nada de políticas reales. Y no se puede decir que los 90 fueran años malos en cuanto a posibilidades de cambio. Pero no se hicieron.
La apuesta por el valor añadido, por el hecho diferenciador que haga que nos prefieran a nosotros en lugar de a otros (sobre todo en estos tiempos, en los que la palabra crisis justifica cualquier cosa y es una excusa perfecta para, después de varios años de planificación, llevarse una fábrica a otro país más barato), pasa por la creación de empresas que dediquen sus esfuerzos a I+D, a crear productos y servicios nuevos, innovadores, de gran valor añadido. Yo no digo que sea fácil. Hace falta mucho trabajo, mucho esfuerzo, y sobre todo, hacen falta muchos cambios. Hace falta mucho compromiso a medio y largo plazo, aun corriendo el riesgo de obtener los primeros frutos cuando el partido que los propicie ya no esté en el poder. Es exactamente lo mismo que pasa con las políticas medioambientales. Esas que tampoco se aplican a largo plazo, por cierto.
Los recortes a la Ciencia no son precisamente lo que necesitamos para salir de la crisis. Claro que, viviendo como vivimos en una cleptocracia (gracias, doctor, por el apunte), tampoco es que me sorprenda.
