La Coctelera

Categoría: Inclasificables

6 Noviembre 2009

Como allá a donde vamos no tenemos conexión a Internet, y si la tuviéramos sería por cortesía de un vecino abierto, y aunque la tuviéramos dudo mucho que la usara para actualizar esto, casi mejor prefiero despedirme por unos días. No descorchéis aún el vino, que van a ser muy pocos.

Nos vemos a la vuelta ;-)

2 Noviembre 2009

La odisea que llevo atravesando desde hace unos días para hablar con el servicio gratuito de atención al cliente de Vodafone (123) tiene su miga. Así que la voy a hacer pública, a ver si así consigo que alguien se dé de baja. Cosa que no espero en realidad, puesto que cada vez que pienso que yo misma me cambié de Movistar a Vodafone porque los primeros me trataban mal, me doy de cabezazos contra la pared. Y eso que lo volvería a hacer si pudiera.

Bueno, todo empezó porque mis señores padres se fueron a Ayamonte la semana pasada, que queda muy cerquita de la frontera con Portugal. Motivo por el cual se ve que sus móviles, ambos prepago Vodafone (igual que el mío; sí, ya sé que no es recomendable tener todos los móviles de la misma compañía, pero... bueno, la historia es igual de larga y ahora mismo no importa), como todos los que van con su configuración por defecto, buscaron la antena con con mayor intensidad de señal. Y se ve que dicha antena era portuguesa. Conclusión: les han estado cobrando roaming por todas las llamadas, tanto entrantes como salientes. En resumen: el saldo, a tomar por culo.

El primero en llamar para quejarse y reclamar la devolución del saldo fue mi padre. Se tuvo que tirar un poco de los pelos con los operadores, pero al final le han devuelto su saldo. El problema vino cuando llamó mi madre al 123 para lo mismo... y se encontró con una hermosa grabación, en bucle infinito, informando de su obligación como cliente de prepago de identificarse personalmente en una tienda antes del día 8 de Noviembre. Así, sin permitir acceder a ninguna opción del servicio de información, no importa cuánto tiempo dejes el teléfono llamando. Y es raro, porque ya ha llovido mucho, y eso que este verano ha sido seco, desde que mi madre se identificó en la tienda. Así que me dio a mi también por probar a llamar desde mi propio terminal al 123; estando yo también identificada personalmente, claro. Con los mismos resultados. Llevo llamando varios días y nada, siempre igual. Hoy he probado a dejar el teléfono llamando al 123 con el altavoz puesto y cuando llevaba ya 38:46 me he cansado de escuchar la locución y he colgado.

Al final me he decidido a acercarme a la tienda otra vez a preguntar qué coño pasa. Y me han contestado, muy finamente, que ojalá lo supieran. Que mis datos están en la base de datos. Que me los volvían a tomar para que me quedara tranquila, pero que ahí están. Que no soy la primera que pasa por la tienda con el mismo problema. Y que no tienen ni idea de cómo resolverlo. Que me recomiendan probar dos cosas:

  • Llamar en vez de al 123 al 607123000, que es el número al que se puede llamar para contactar con atención al cliente cuando no llamas desde un terminal Vodafone. Cosa a la cual me niego, porque yo ya soy cliente, y para los clientes el servicio es gratuito. Llamar a ese número implica pagar la llamada.
  • Poner una reclamación a través del formulario de la página web de Vodafone. Que también he probado... y detrás del cual, según he podido verificar, hay un servicio de contestación automática.

En fin. Que no es que me sorprenda, ojo. Y seguramente, para mayor escarnio, el resto de operadores de telefonía móvil estén a la par en cutrerío. Pero oiga, que así me desahogo. Y de paso, si alguien lee esto y ha tenido el mismo problema (y ha conseguido resolverlo), pues puede comentar y todo...

27 Octubre 2009

Oppenheimer, hablando sobre Trinity en 1.965.

23 Octubre 2009

Bueno, en realidad, más que el poder, es la documentación del ERE. ¡Con cuentas anuales y todo, oiga! Aprovecharé que hoy se pasa mi hermano por casa para preguntarle un par de cosillas de los balances. Que una ha estudiado lo mínimo imprescindible para estas cosas... para después olvidar fruiciosamente, como Yog-Sothoth manda.

13 Octubre 2009

La situación que planteo ahora mismo no es ninguna actitud, ni tampoco un trabalenguas, pero sí bastante difícil. Es la situación en la que se va a encontrar en breve sumergida la empresa en la cual trabajo. Y es la explicación de por qué publiqué esto hace unos pocos días.

Durante el último mes ha habido bastantes despidos en la empresa en la que trabajo. Concretamente cinco despidos, además de cuatro becarios que se han quedado sin beca. Alguien podría pensar que no se trata de una cifra demasiado alta, pero si os digo que en la empresa hemos quedado 12 contratados y 4 becarios, la cosa cambia ¿verdad?

Pensábamos que la cosa quedaría ahí. Pero no. El jueves pasado, el gerente y el representante de la asesoría con la que trabajamos nos notificaron que, durante esta semana, se van a iniciar los trámites para solicitar a la autoridad laboral un expediente de regulación de empleo. De momento no se va a despedir a más gente, pero sí se va a reducir la jornada laboral al 50% para todos los contratados. Bueno, para todos menos para mí, que ya estoy a jornada parcial; que si no, yo tampoco me libraba.

La situación no es plato de buen gusto para ninguno de nosotros. No niego que la empresa ahora mismo hace aguas por todas partes, pero por eso precisamente pienso que esto no lo arregla ningún ERE. No hay un plan definido para salir de esto, o al menos no es ningún plan que conozcamos. Bueno, a saber. Mañana traerán toda la documentación para los que han salido elegidos como representantes de los trabajadores. A ver qué pone ahí.

De momento lo único que veo son caras largas y gente agobiada. Lo entiendo, y de hecho creo que mi cara es parecida a la de ellos. Pero no deja de dolerme que hayan pagado justos por pecadores. Se ha despedido a gente atendiendo a criterios puramente económicos, es decir, calculando cuáles eran los que salían más baratos. Y no se ha tenido en cuenta nada más: ni su trabajo, ni sus ideas, ni sus iniciativas, ni siquiera el valor que aportaban a la empresa. Resulta que no hay ventas mínimamente significativas desde hace mucho; la situación se remonta a antes del comienzo de la crisis, así que la situación económica actual no me vale como excusa. Puede haber agravado el problema, pero no es la causa del mismo.

Y en lugar de despedir al responsable del departamento (que lo es, curiosamente, desde poco antes de la caída en picado de las ventas), han despedido a otras personas que muy poco o nada tienen que ver con las mismas.

Ere que ere.

11 Octubre 2009

Una de las pocas cosas que me gustan de la fiesta cervantina en Alcalá es el mercado. No el medieval, que lleva sólo unos pocos años y es un coñazo además de un timo financiero con sus tienditas de velas y de espejitos. Que vendan armaduras y yelmos como los onvres de verdad, coño. Claro que supongo que será más rentable vender empanada hecha en algún lugar de venta al por mayor como si fuera casera... tres euros por un miserable trocito (que no porción) de empanada de lomo y queso, que era casi toda masa. Porque Ki me lo dijo algo después de comprarla, que si no, en el momento de la venta me hubiera puesto a gritar DEVUÉLVELE A  MI KI AHORA MISMO SU CÓRNEA, HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA allí delante de todos los clientes potenciales.

No. A mí me gusta el mercado más tradicional y menos concurrido, ese que existe durante la semana cervantina desde que tengo uso de razón y, probablemente, desde antes. Ese que estaba en Plaza de Cervantes cuando era niña, y que acabaron moviendo a Santos Niños con motivo del mercado medieval.

Me refiero, por supuesto, al mercado de libros antiguos y de ocasión. Todos los años pico y compro algo. Pero oiga, es que conseguir una copia en condiciones más que aceptables de, por ejemplo, El lobo estepario, por 2 euros, pues como que compensa los apretujones. Tampoco muchos, en realidad... se ve que los españoles no somos mucho de comprar libros. Para mí que los que visitamos los puestos somos los mismos año tras año.

Hoy hemos ido Ki, Muzaraque y yo. Ki se ha comprado un volumen de cuentos de Michael Moorcock y yo, además de El lobo estepario, me he comprado otro titulado Un plan sencillo, que leí hace mucho tiempo, y que me gustó por su simplicidad sanguinaria. Creo que han hecho una película de él y todo. Muza, por su parte, no se ha comprado nada.

El caso es que después de la compra hemos ido a una cafetería cercana a tomar un café y charlar un rato. Y en qué hora, porque nos hemos ido a sentar al lado de un grupo que... bueno, que gritaba más que hablaba. Ki decía que era porque tenían buenos pulmones. Yo he contestado, con mi simpatía habitual, que en realidad era porque, como estaban huecos por dentro, lo que pasa es que resuenan.

...pues luego fuimos a París y o sea, todo así como superprecioso, pero eso sí, que como que te tenías que pegar con los turistas chinos para ver las cosas, jo...

Huecos sobre todo en la cabeza, ha añadido Muza.

...y luego en el museo todo el mundo a ver a la Mona Lisa que no se podía ni ver de la gente, oye, y eso, que ahí a codazos hasta que llegas y de repente ves el cuadro y oye, que no sé qué le ven, porque es así como superpequeño ¿verdad? Que no es gran cosa, es ahí una cosa canija de nada que ni se ve...

Efectivamente. Huecos.

En el transcurso de la conversación se ha colado una mujer gitana que ha intentado venderme una rama de romero. Bueno, a mí y a todas las mujeres de la terraza, incluyendo a las dos pijas del grupo de al lado. Eso me ha recordado a la vez, hace no mucho, que otra gitana, esta joven, me regaló directamente una rama de romero para que me diera suerte. Sin pedirme nada a cambio.

Dice Ki que esa historia es como para llevarla a Cuarto Milenio. Y Muza está de acuerdo. Pero no sé, yo creo que no es para tanto. Quiero decir, si me hubiera regalado el ramo entero de romero, todavía. Pero una ramita de nada...

7 Octubre 2009

Ejercicio de agudeza visual.

A continuación os pongo una bonita gráfica, sacada de las estadísticas públicas de ICONO (Observatorio Español de la Innovación y el Conocimiento) sobre el presupuesto público dedicado a I+D por objetivos socioeconómicos.

Os pongo qué objetivos socioeconómicos se han tenido en cuenta según su código NABS, sin numerar (en el original vienen en la leyenda numerados del 1 al 14, en el eje de abscisas). En ese mismo enlace podéis encontrar la descripción de cada código, por si no os queda claro a qué se refiere cada término.

  • Sistemas políticos y sociales, estructuras y procesos
  • Educación
  • Salud
  • Transporte, telecomunicaciones y otras infraestructuras
  • Cultura, ocio, religión y medios de comunicación
  • Exploración y explotación del medio terrestre
  • Exploración y explotación del espacio
  • Defensa
  • Energía
  • Avance general del conocimiento (financiado por el Fondo General Universitario)
  • Avance general del conocimiento (financiado por otros fondos)
  • Producción y tecnología industrial
  • Medio ambiente
  • Agricultura

Y la pregunta del millón es: ¿qué número creéis que se corresponde con "Educación"? ¿Y con "Agricultura"?

La respuesta, para el que tenga curiosidad, aquí.

7 Octubre 2009

Gracias a Cris me he enterado de la iniciativa de La Aldea Irreductible para denunciar el recorte brutal de los presupuestos del Ministerio de Ciencia e Innovación (atención a la nota de la página 2, ahí está la clave para que se les llene la boca con el asombroso incremento presupuestario del 0,2% respecto de 2.009).

La Ciencia en España no necesita tijeras. Lo que necesita es compromiso a medio y largo plazo. No es de recibo que los planes nacionales de I+D+i se hagan como mucho de 4 años; curiosamente, lo que dura una legislatura. Y que se cambie su estructura legislatura tras legislatura, en lugar de buscar una estructura sólida que perdure, aunque sea a grandes rasgos (entiendo que a veces los cambios son necesarios, pero ¿por qué sólo tras el cambio de Gobierno?).

Uno de los grandes problemas que tiene este país es precisamente la casi total carencia de valor añadido de su industria, por decir algo; porque este país es más de servicios y ladrillo que de otra cosa. Por poner un ejemplo conocido por todos y que ahora está pagando con creces el precio de la indiferencia gubernamental por crear valor añadido: por allá por los felices años de Paquito, cuando la mano de obra española era barata a más no poder, la industria del automóvil vino atraída por esa bajada de costes. Y se creó todo un tejido industrial de empresas satélite: empresas que fabricaban volantes, embragues, empresas de chapa, etc. Y ninguna de ellas con valor añadido, porque un volante es un volante, lo fabriques aquí o en Pernambuco.

Ojo: no culpo a esos fabricantes en ese momento en particular de su vida. Si de algo íbamos sobrados los españoles en aquella época, según me cuentan mis mayores, era de hambre. Había que llevar pan a casa, y en ese momento lo suyo era hacer volantes, o puertas, o palancas de cambios, y dar de comer a la familia. En ese momento estuvo bien lo que se hizo.

A nadie se le ocurrió que la industria del automóvil, igual que había huido de sus anteriores ubicaciones para fabricar barato en España, podría hacer exactamente lo mismo cuando empezara a subir la mano de obra aquí con respecto a otros países, europeos o no. Bueno, en realidad sí hubo quien lo pensó, pero esas preclaras mentes que nos gobiernan pensaron que, con tanta industria satélite, imposible que se fueran.

Qué pasa, ¿que los volantes son tan difíciles de fabricar que sólo se pueden hacer en España, esta nuestra nación de grandes científicos destinados a la noble tarea de crear volantes de coche y camión? Precisamente cuando las cosas empiezan a ir bien, cuando ya no es tan crítico el asunto y ya sabes que vas a poder llegar a fin de mes y dar de comer a tus hijos, es cuando hay que empezar a plantearse el hacer algo diferente. Pero claro, cambiar la estructura completa de una empresa que, de momento, funciona, no es algo que anime a casi ningún empresario. Hace falta concienciar, mentalizar, y sobre todo, incentivar, aunque sea con préstamos en lugar de subvenciones (algún día me animaré y contaré por qué pienso que las subvenciones deberían limitarse muchísimo, y cambiar el modelo a préstamo o financiación). Aquí en España las iniciativas en I+D han sido más institucionales que reales. Se pasaron los felices años 80 y 90 creando organismo tras organismo, que hacía estudio tras estudio, pero nada de políticas reales. Y no se puede decir que los 90 fueran años malos en cuanto a posibilidades de cambio. Pero no se hicieron.

La apuesta por el valor añadido, por el hecho diferenciador que haga que nos prefieran a nosotros en lugar de a otros (sobre todo en estos tiempos, en los que la palabra crisis justifica cualquier cosa y es una excusa perfecta para, después de varios años de planificación, llevarse una fábrica a otro país más barato), pasa por la creación de empresas que dediquen sus esfuerzos a I+D, a crear productos y servicios nuevos, innovadores, de gran valor añadido. Yo no digo que sea fácil. Hace falta mucho trabajo, mucho esfuerzo, y sobre todo, hacen falta muchos cambios. Hace falta mucho compromiso a medio y largo plazo, aun corriendo el riesgo de obtener los primeros frutos cuando el partido que los propicie ya no esté en el poder. Es exactamente lo mismo que pasa con las políticas medioambientales. Esas que tampoco se aplican a largo plazo, por cierto.

Los recortes a la Ciencia no son precisamente lo que necesitamos para salir de la crisis. Claro que, viviendo como vivimos en una cleptocracia (gracias, doctor, por el apunte), tampoco es que me sorprenda.

Sobre El tablón naranja

Algún día, mis pajaritas y yo dominaremos el mundo.


Cthulhu demands...

No al recorte en I+D

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